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miércoles, 27 de abril de 2016

FRAUDE LITERARIO


FRAUDE LITERARIO

Coronado del ZIPOTE


            


     En ocasiones el amodorrado mundo cultural despierta de su letargo de subsidios y prebendas estatales por algún escándalo. Hace tiempo, en la cuarta se dice ahora, el actor, profesor, periodista y escritor Javier Vidal se había visto envuelto en las anodinas telarañas del plagio.
       En el libro de Alvin Kernan, “La muerte de la literatura”, hay un capitulo titulado “plagio y poética” que toca aspectos que vale la pena citar:  “...,también se tambalea la literatura, cosa que se evidencia sobre todo en la crítica avanzada de la izquierda cultural, que se ha dedicado a socavar el concepto de propiedad literaria  desde ángulos muy diversos. Al autor se le ha despojado de sus derechos de propiedad al haber sido declarado muerto, supuestamente intestado, y al negarle sus derechos sobre textos que se consideran productos, no le da creación individual, sino de actitudes comunales”. Y un poco más adelante el mismo Kernan acota: “La crítica ahora transfiere el Copyright de un autor propietario a los lectores populistas al establecer que el sentido de un texto lo determinan los lectores y no el autor de la obra. En el extremo más radical de esta tentación crítica, a la obra literaria la convierten en algo sin valor pues se le vacía de sentido, se muestra su engaño, se descentra y se dispersan sus partes”. Realizo estas extensas citas porque me hubiese gustado escribir las valoraciones de Kernan sobre el plagio y puede haberlo hecho; quizá cambiando palabras, desarrollando mejor las ideas, no obstante eso en el fondo sería deshonesto y entonces prefiero perderme en el bosque de las referencias de otros. Siento por las citas algo parecido (y no digo igual consciente de mis limitaciones culturales) a lo que siente Savater: “¿Por qué citar? Hay dos razones: la modestia y el orgullo. Se cita por modestia, reconociendo que el acierto que se comparte tiene origen ajeno y uno llegó después. Se cita por orgullo, ya que es más digno y más cortés, según dijo Borges (¿me perdonarán la cita?), enorgullecerse de las páginas que una ha leído que de las que ha escrito”.
            Por otra parte lo único que tiene el que escribe es honestidad, sino ya muchos poetas y escritores que conozco estarían en el en el congreso, o dirigiendo alguna empresa del estado, sacándole brillo al saeta, al malandro, al caradura que llevamos dentro. Los argumentos de Javier Vidal, cuando una periodista le inquirió sobre la razón de no entrecomillar las  ideas y  reflexiones del  autor  en el que basó su investigación, son de un descaro lamentable: “Debemos entender que es muy fastidioso leer con citas y comillas todo el tiempo.” Y vuelvo con Savater para redondear todo este caldo de citas: “Las personas que no comprenden el encanto de las citas suelen ser las mismas que no entienden lo justo, lo equitativo y necesario de la originalidad. Porque donde se puede y debe ser verdaderamente original es al citar”.
            En mi caso particular me ido haciendo escritor gracias al día a día de la lectura y por culpa a las citas. Sé que no soy original, mucho menos que estoy tocado por el genio, pero de lo que sí estoy seguro es que he tratado de asumir la escritura con la mínima honradez del caso. Qué sentido tiene ganar premios literarios a través de los amigos que la hacen de jurado, que trascendencia puede existir en copiarse la tesis de una alumna para subir en el escalafón de profesores, que inmortalidad se busca al traducir un texto y luego hacerlo pasar como producto de una insomne investigación. Algo podrido siempre ha olido en el ambiente literario nacional. Todo esto me recuerda un gag de una película de Mario Moreno. Está Cantinflas jugando a las cartas con otros tres individuos y comienzan estos con intención de formar bronca, debido a que Cantinflas hace trampas y este con una lógica impecable los calma diciéndole: “Vamos a jugar como caballeros o como lo que somos”. Los que protestaban meditan un momento y responden a coro: “como lo que somos”. O sea, como el medio literario nacional es de vivianes y buscones hay que escribir libros como lo que somos.
            Al final de todo este luctuoso episodio se dirá que el plagio es un género literario y asunto resuelto. Cuestiones de la postmodernidad. Como soy anacrónicamente moderno pienso que el plagio, mírese por donde se mire, no es más que un infantiloide fraude literario. Quizá en alguna sucia habitación de zona roja algún negro de la literatura, con hambre e insomnio, escribe una novela, una historia o una crónica confiando en sus entrañas. Mientras en el mundillo de la cultura oficial los mismos de siempre se premian, se publican y se plagian. Ahora con el Gran Hermano de la Internet cualquier escritorzuelo de medio pelo sólo googlea, corta y pega Por lo pronto cualquier plagio de Vidal ventilado en público es simple y llanamente justicia poética, y, como escribe Umbral, la única en la que uno cree todavía.

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