FRAUDE
LITERARIO
Coronado del ZIPOTE
En ocasiones el amodorrado mundo
cultural despierta de su letargo de subsidios y prebendas estatales por algún
escándalo. Hace tiempo, en la cuarta se dice ahora, el actor, profesor,
periodista y escritor Javier Vidal se había visto envuelto en las anodinas
telarañas del plagio.
En el libro de Alvin Kernan, “La
muerte de la literatura”, hay un capitulo titulado “plagio y poética” que toca
aspectos que vale la pena citar:
“...,también se tambalea la literatura, cosa que se evidencia sobre todo
en la crítica avanzada de la izquierda cultural, que se ha dedicado a socavar
el concepto de propiedad literaria desde
ángulos muy diversos. Al autor se le ha despojado de sus derechos de propiedad
al haber sido declarado muerto, supuestamente intestado, y al negarle sus
derechos sobre textos que se consideran productos, no le da creación
individual, sino de actitudes comunales”. Y un poco más adelante el mismo
Kernan acota: “La crítica ahora transfiere el Copyright de un autor propietario
a los lectores populistas al establecer que el sentido de un texto lo
determinan los lectores y no el autor de la obra. En el extremo más radical de
esta tentación crítica, a la obra literaria la convierten en algo sin valor
pues se le vacía de sentido, se muestra su engaño, se descentra y se dispersan
sus partes”. Realizo estas extensas citas porque me hubiese gustado escribir
las valoraciones de Kernan sobre el plagio y puede haberlo hecho; quizá
cambiando palabras, desarrollando mejor las ideas, no obstante eso en el fondo
sería deshonesto y entonces prefiero perderme en el bosque de las referencias
de otros. Siento por las citas algo parecido (y no digo igual consciente de mis
limitaciones culturales) a lo que siente Savater: “¿Por qué citar? Hay dos
razones: la modestia y el orgullo. Se cita por modestia, reconociendo que el
acierto que se comparte tiene origen ajeno y uno llegó después. Se cita por
orgullo, ya que es más digno y más cortés, según dijo Borges (¿me perdonarán la
cita?), enorgullecerse de las páginas que una ha leído que de las que ha
escrito”.
Por otra parte lo único que tiene el
que escribe es honestidad, sino ya muchos poetas y escritores que conozco
estarían en el en el congreso, o dirigiendo alguna empresa del estado, sacándole
brillo al saeta, al malandro, al caradura que llevamos dentro. Los argumentos
de Javier Vidal, cuando una periodista le inquirió sobre la razón de no
entrecomillar las ideas y reflexiones del autor
en el que basó su investigación, son de un descaro lamentable: “Debemos
entender que es muy fastidioso leer con citas y comillas todo el tiempo.” Y
vuelvo con Savater para redondear todo este caldo de citas: “Las personas que
no comprenden el encanto de las citas suelen ser las mismas que no entienden lo
justo, lo equitativo y necesario de la originalidad. Porque donde se puede y
debe ser verdaderamente original es al citar”.
En mi caso particular me ido
haciendo escritor gracias al día a día de la lectura y por culpa a las citas.
Sé que no soy original, mucho menos que estoy tocado por el genio, pero de lo
que sí estoy seguro es que he tratado de asumir la escritura con la mínima
honradez del caso. Qué sentido tiene ganar premios literarios a través de los
amigos que la hacen de jurado, que trascendencia puede existir en copiarse la
tesis de una alumna para subir en el escalafón de profesores, que inmortalidad
se busca al traducir un texto y luego hacerlo pasar como producto de una
insomne investigación. Algo podrido siempre ha olido en el ambiente literario
nacional. Todo esto me recuerda un gag de una película de Mario Moreno. Está
Cantinflas jugando a las cartas con otros tres individuos y comienzan estos con
intención de formar bronca, debido a que Cantinflas hace trampas y este con una
lógica impecable los calma diciéndole: “Vamos a jugar como caballeros o como lo
que somos”. Los que protestaban meditan un momento y responden a coro: “como lo
que somos”. O sea, como el medio literario nacional es de vivianes y buscones
hay que escribir libros como lo que somos.
Al final de todo este luctuoso
episodio se dirá que el plagio es un género literario y asunto resuelto.
Cuestiones de la postmodernidad. Como soy anacrónicamente moderno pienso que el
plagio, mírese por donde se mire, no es más que un infantiloide fraude
literario. Quizá en alguna sucia habitación de zona roja algún negro de la
literatura, con hambre e insomnio, escribe una novela, una historia o una
crónica confiando en sus entrañas. Mientras en el mundillo de la cultura
oficial los mismos de siempre se premian, se publican y se plagian. Ahora con
el Gran Hermano de la Internet cualquier escritorzuelo de medio pelo sólo googlea,
corta y pega Por lo pronto cualquier plagio de Vidal ventilado en público es
simple y llanamente justicia poética, y, como escribe Umbral, la única en la que
uno cree todavía.


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