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viernes, 29 de abril de 2016

EL CINE NACIONAL EN EL RASERO DEL ACOMODO




Por Imelda Zancas


Ramón Chalbaud 

            

Cuando de nuestro cine se trata enseguida se produce entre las personas cierta unanimidad aplastante: Las películas nacionales son en extremo malas. Los pocos que nos aventuramos a ver una película realizada en el país descubrimos sin muchos subterfugios lo endeble de sus tramas, el mal sonido, las groserías a granel y una historia forzada que trata de retratarnos como pueblo, pero que sólo se queda en una inepta caricatura. No es necesario ser cinéfilo para comprobar que muchas de nuestras películas se les nota las costuras, se les observan a leguas sus influencias asimiladas a medias del gran cine del mundo.
            Una de las primeras películas de éxito producidas en el país a lo largo de su historia cinematográfica,  que sobrepasa ya los cien años, fue sin duda “Araya” de Margot Benacerrat. Del resto sólo hemos realizado amagos de películas, remedos vacilantes de filmes que a nadie parecen agradar.
            No es casual que la segunda película importante del cine criollo sea “El pez que fuma” de Román Chalbaud. Película que marcará un hito en eso de cine taquillero y que por supuesto será imitada hasta el hartazgo. La formula Burdel + malandro + policía + groserías se repetirá en otras cintas sin ningún tipo de sutileza.
            Este machacado cine de burdel tiene sus raíces innegables en muchas de esas películas mejicanas del siglo de oro donde abunda el cabaret, los chulos, las bailarinas piernudas y unas historias lacrimosas de amor, dolor y muerte.
            Cuando no es el burdel es el homosexual caricaturizado, o sino el perdedor de barrio que se juega hasta la vida, la suya propia como la de los demás, para zafarse de la pobreza (“Soy un delincuente”, "Graduación de un delincuente”).
            El cine nacional tratando de salir un poco de su marasmo ha tocado un tema crucial en nuestra historia política como lo fue la guerrilla (“Memorias de un subversivo latinoamericano”, “Compañero augusto”) Este tipo de cine comprometido y crítico tampoco corrió con mucha suerte. Todo era una lucha de buenos contra malos, todo muy maniqueo y lleno de retórica libertaria y demás paja seudorevolucionaria.
            De un tiempo a esta parte el cine no se detiene y vuelve a emprender nuevos derroteros con películas como “Ifiginia”, “Oriana”, “País portátil”, “Macu”. Con dichas cintas el cine recuperó cierta prestancia como hecho estético, dejando de lado los estereotipos y las ansias por retratarnos, por hacernos un psicoanálisis de bajo costo  y desmetaforizarnos como conglomerado social.
Avanzando un poco más en el tiempo se podrá verificar que los realizadores de cine prosiguen en la búsqueda de una temática que pueda interesarle al enorme público patrio. Películas como “Una vida y dos mandados”, “Piel”, “Aire”, “La voz del corazón” y la argentinizada nueva versión de Doña Bárbara son testimonios de un quehacer cinematográfico que intenta recuperar un perfil menos bizarro, que se mantiene, a pesar de todo, en películas recientes como “Amaneció de golpe” y “Pandemónium”.
Ahora al cine nuestro de cada día le ha dado por la historia. Bolívar y Miranda son personajes hollywoodense por antonomasia. Por supuesto que las propuestas cinematográfica en torno a estos héroes de la patria siguen en el maniqueísmo más rastrero. Otro personaje es Zamora e incluso el Cabito se ha convertido en un héroe por eso de la planta insolente. Es decir los cineastas han sacada el caradura acomodaticio que llevan dentro y han visto la oportunidad de hacer películas con ínfulas, pero se le ven las costuras de la historia acomodada con ese calzador de criterios administrativos. O sea, el que paga tiene la historia que quiere.
            El cine hoy, con el madurismo en la cuerda floja, no las tiene toda consigo. Todavía hay mucha gente que no apuesta al cine nacional y que no esta dispuesta a brindarle su apoyo asistiendo a las salas de cine, no obstante el cine como industria y como hecho estético no se detiene.
            Las malas películas del cine nacional que hemos tenido que soportar, y miren que me gustaría escribir algunas groserías a este respecto, pueden servir para calibrar el endeble talento de algunos realizadores autóctonos, sin mencionar la mediocridad de unos guionistas y de unos actores tratando de parecer reales en unas tramas absurdas y carentes de pasión.
            A pesar de todo espero con ansiedad los próximos estrenos del cine nacional quizá un día acierten con una excelente película, nunca se sabe ya que en el arte como en la vida todo puede ocurrir.       


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