Por Imelda Zancas
Ramón Chalbaud
Cuando de nuestro cine se trata
enseguida se produce entre las personas cierta unanimidad aplastante: Las
películas nacionales son en extremo malas. Los pocos que nos aventuramos a ver
una película realizada en el país descubrimos sin muchos subterfugios lo
endeble de sus tramas, el mal sonido, las groserías a granel y una historia
forzada que trata de retratarnos como pueblo, pero que sólo se queda en una
inepta caricatura. No es necesario ser cinéfilo para comprobar que muchas de
nuestras películas se les nota las costuras, se les observan a leguas sus
influencias asimiladas a medias del gran cine del mundo.
Una de las primeras películas de
éxito producidas en el país a lo largo de su historia cinematográfica, que sobrepasa ya los cien años, fue sin duda
“Araya” de Margot Benacerrat. Del resto sólo hemos realizado amagos de
películas, remedos vacilantes de filmes que a nadie parecen agradar.
No es casual que la segunda película
importante del cine criollo sea “El pez que fuma” de Román Chalbaud. Película
que marcará un hito en eso de cine taquillero y que por supuesto será imitada
hasta el hartazgo. La formula Burdel + malandro + policía + groserías se
repetirá en otras cintas sin ningún tipo de sutileza.
Este machacado cine de burdel tiene
sus raíces innegables en muchas de esas películas mejicanas del siglo de oro
donde abunda el cabaret, los chulos, las bailarinas piernudas y unas historias
lacrimosas de amor, dolor y muerte.
Cuando no es el burdel es el
homosexual caricaturizado, o sino el perdedor de barrio que se juega hasta la
vida, la suya propia como la de los demás, para zafarse de la pobreza (“Soy un
delincuente”, "Graduación de un delincuente”).
El cine nacional tratando de salir
un poco de su marasmo ha tocado un tema crucial en nuestra historia política
como lo fue la guerrilla (“Memorias de un subversivo latinoamericano”,
“Compañero augusto”) Este tipo de cine comprometido y crítico tampoco corrió
con mucha suerte. Todo era una lucha de buenos contra malos, todo muy maniqueo
y lleno de retórica libertaria y demás paja seudorevolucionaria.
De un tiempo a esta parte el cine no
se detiene y vuelve a emprender nuevos derroteros con películas como
“Ifiginia”, “Oriana”, “País portátil”, “Macu”. Con dichas cintas el cine
recuperó cierta prestancia como hecho estético, dejando de lado los
estereotipos y las ansias por retratarnos, por hacernos un psicoanálisis de
bajo costo y desmetaforizarnos como
conglomerado social.
Avanzando un poco más en el tiempo se podrá verificar que
los realizadores de cine prosiguen en la búsqueda de una temática que pueda
interesarle al enorme público patrio. Películas como “Una vida y dos mandados”,
“Piel”, “Aire”, “La voz del corazón” y la argentinizada nueva versión de Doña Bárbara
son testimonios de un quehacer cinematográfico que intenta recuperar un perfil
menos bizarro, que se mantiene, a pesar de todo, en películas recientes como
“Amaneció de golpe” y “Pandemónium”.
Ahora al cine nuestro de cada día le ha dado por la
historia. Bolívar y Miranda son personajes hollywoodense por antonomasia. Por
supuesto que las propuestas cinematográfica en torno a estos héroes de la
patria siguen en el maniqueísmo más rastrero. Otro personaje es Zamora e
incluso el Cabito se ha convertido en un héroe por eso de la planta insolente.
Es decir los cineastas han sacada el caradura acomodaticio que llevan dentro y
han visto la oportunidad de hacer películas con ínfulas, pero se le ven las
costuras de la historia acomodada con ese calzador de criterios administrativos.
O sea, el que paga tiene la historia que quiere.
El cine hoy, con el madurismo en la
cuerda floja, no las tiene toda consigo. Todavía hay mucha gente que no apuesta
al cine nacional y que no esta dispuesta a brindarle su apoyo asistiendo a las
salas de cine, no obstante el cine como industria y como hecho estético no se
detiene.
Las malas películas del cine
nacional que hemos tenido que soportar, y miren que me gustaría escribir
algunas groserías a este respecto, pueden servir para calibrar el endeble
talento de algunos realizadores autóctonos, sin mencionar la mediocridad de
unos guionistas y de unos actores tratando de parecer reales en unas tramas
absurdas y carentes de pasión.
A pesar de todo espero con ansiedad
los próximos estrenos del cine nacional quizá un día acierten con una excelente
película, nunca se sabe ya que en el arte como en la vida todo puede ocurrir.


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