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sábado, 30 de abril de 2016

CARICATURAS

By On 11:54

Caricaturas Por CISMA







viernes, 29 de abril de 2016

EL CINE NACIONAL EN EL RASERO DEL ACOMODO

By On 12:34



Por Imelda Zancas


Ramón Chalbaud 

            

Cuando de nuestro cine se trata enseguida se produce entre las personas cierta unanimidad aplastante: Las películas nacionales son en extremo malas. Los pocos que nos aventuramos a ver una película realizada en el país descubrimos sin muchos subterfugios lo endeble de sus tramas, el mal sonido, las groserías a granel y una historia forzada que trata de retratarnos como pueblo, pero que sólo se queda en una inepta caricatura. No es necesario ser cinéfilo para comprobar que muchas de nuestras películas se les nota las costuras, se les observan a leguas sus influencias asimiladas a medias del gran cine del mundo.
            Una de las primeras películas de éxito producidas en el país a lo largo de su historia cinematográfica,  que sobrepasa ya los cien años, fue sin duda “Araya” de Margot Benacerrat. Del resto sólo hemos realizado amagos de películas, remedos vacilantes de filmes que a nadie parecen agradar.
            No es casual que la segunda película importante del cine criollo sea “El pez que fuma” de Román Chalbaud. Película que marcará un hito en eso de cine taquillero y que por supuesto será imitada hasta el hartazgo. La formula Burdel + malandro + policía + groserías se repetirá en otras cintas sin ningún tipo de sutileza.
            Este machacado cine de burdel tiene sus raíces innegables en muchas de esas películas mejicanas del siglo de oro donde abunda el cabaret, los chulos, las bailarinas piernudas y unas historias lacrimosas de amor, dolor y muerte.
            Cuando no es el burdel es el homosexual caricaturizado, o sino el perdedor de barrio que se juega hasta la vida, la suya propia como la de los demás, para zafarse de la pobreza (“Soy un delincuente”, "Graduación de un delincuente”).
            El cine nacional tratando de salir un poco de su marasmo ha tocado un tema crucial en nuestra historia política como lo fue la guerrilla (“Memorias de un subversivo latinoamericano”, “Compañero augusto”) Este tipo de cine comprometido y crítico tampoco corrió con mucha suerte. Todo era una lucha de buenos contra malos, todo muy maniqueo y lleno de retórica libertaria y demás paja seudorevolucionaria.
            De un tiempo a esta parte el cine no se detiene y vuelve a emprender nuevos derroteros con películas como “Ifiginia”, “Oriana”, “País portátil”, “Macu”. Con dichas cintas el cine recuperó cierta prestancia como hecho estético, dejando de lado los estereotipos y las ansias por retratarnos, por hacernos un psicoanálisis de bajo costo  y desmetaforizarnos como conglomerado social.
Avanzando un poco más en el tiempo se podrá verificar que los realizadores de cine prosiguen en la búsqueda de una temática que pueda interesarle al enorme público patrio. Películas como “Una vida y dos mandados”, “Piel”, “Aire”, “La voz del corazón” y la argentinizada nueva versión de Doña Bárbara son testimonios de un quehacer cinematográfico que intenta recuperar un perfil menos bizarro, que se mantiene, a pesar de todo, en películas recientes como “Amaneció de golpe” y “Pandemónium”.
Ahora al cine nuestro de cada día le ha dado por la historia. Bolívar y Miranda son personajes hollywoodense por antonomasia. Por supuesto que las propuestas cinematográfica en torno a estos héroes de la patria siguen en el maniqueísmo más rastrero. Otro personaje es Zamora e incluso el Cabito se ha convertido en un héroe por eso de la planta insolente. Es decir los cineastas han sacada el caradura acomodaticio que llevan dentro y han visto la oportunidad de hacer películas con ínfulas, pero se le ven las costuras de la historia acomodada con ese calzador de criterios administrativos. O sea, el que paga tiene la historia que quiere.
            El cine hoy, con el madurismo en la cuerda floja, no las tiene toda consigo. Todavía hay mucha gente que no apuesta al cine nacional y que no esta dispuesta a brindarle su apoyo asistiendo a las salas de cine, no obstante el cine como industria y como hecho estético no se detiene.
            Las malas películas del cine nacional que hemos tenido que soportar, y miren que me gustaría escribir algunas groserías a este respecto, pueden servir para calibrar el endeble talento de algunos realizadores autóctonos, sin mencionar la mediocridad de unos guionistas y de unos actores tratando de parecer reales en unas tramas absurdas y carentes de pasión.
            A pesar de todo espero con ansiedad los próximos estrenos del cine nacional quizá un día acierten con una excelente película, nunca se sabe ya que en el arte como en la vida todo puede ocurrir.       


Letrilla Satírica para Juan Calzadilla

By On 11:53



José Carlos De Nóbrega




Ilustraciones de Yilly Arana


Saca dientes la Zarina
en defensa de Fabiola,
pero no da pie con bola,
porque no hay la aspirina
que deje a Juan sedado.
¡Canto Rodado!

Vil didáctica de Emir
que besa a Zé Napoleón:
¡no hallamos la razón
de tanta hiel a escupir!
Juan a todos ha timado:
¡Canto Rodado!

Qué belleza de Museo
con sus Zerpas, Zabaletas,
(B)urogallos y estetas
cosidos al Mausoleo.
Juan es un crío despiadado:
¡Canto Rodado!

Ladran perros y bachacos
en toda su estulticia,
culturosa inmundicia
que se cuece en arrumacos.
Juan la fiesta les ha aguado:
¡Canto Rodado!

TESTAMENTO DE JUDAS BIFRONTE II (ALCAPRILES)

By On 11:51



Colectivo Místico Anarquista ¡Rasputín Vive! (COMISARAVI)

Nota aclaratoria del administrador de la columna: He aquí otra entrega terrorista de esta sorprendente agrupación valenciana. Nos la hicieron llegar a nuestro buzón electrónico. No sabemos si sus intenciones son contrapropagandísticas, provocadoras o meramente literarias. Se nos parece –sospechosamente- a otro colectivo proveniente de Italia: Wu Ming. ¿Acaso seremos víctimas de un vulgar plagio literario? ¿Es otra de las trastadas literarias de discípulos postmodernos de Rafael Bolívar Coronado? José Carlos De Nóbrega, confundido columnista compulsivo.

Yo, Judas Alcapriles, en posesión de mis facultades fronterizas y mi proverbial falta de ética, anuncio mi Testamento y última voluntad a esta infiel y anarquista comunidad de El Palotal, pérfida turba que quiere prensarme por mis sacrosantas bolas para achicharrarme a la parrilla:

1.- Le dejo mi apartamento en Nueva York a Gustavo Montiel, si y sólo si restituye en la dirección de URBE/ARTE, Gaceta Culturosa de la Valencia del Rey Alcaparra, al poeta Fáver Páez como póstumo homenaje a su Club de Suicidas y Cadáveres Insepultos. Por supuesto, en dicho apartaco les dará asilo a Henrique Fernando Salas Feo, al capo Scarano y a los bufones de su Corte (Rafael Rodríguez Coronel es la ñapita).

2.- A los fines de unificar la zona norte con la zona sur de Valencia, encomiendo a Marcos Meléndez –heredero del trono- inundar las comunidades subversivas de El Palotal, Bella Florida y Lomas de Funval con las aguas sobrantes del Lago de Valencia. Así matamos varios pájaros de un tiro: Tapamos los huecos y ocultamos la basura de las Avenidas La Romana, Aranzazu y Las Ferias bajo las aguas mansas y podridas, además de sacudirnos de una vez por todas a Carlos Yusti, Yuri Valecillo, Pedro Téllez, Carlos De Nóbrega y demás bichitos de uña. Así el Sur será el Norte y viceversa, pues tendrá su dique surfista de Guataparo.

3.- En atención a la labor destructora de Fundacultura, se conviene que a partir de hoy el fruit punch será la bebida espirituosa de esta ciudad. A tal efecto, se prohibirá la restauración de la “Fisiocromía Naranja” de Cruz Diez ubicada en la Redoma de Guaparo. Los reales destinados a tal esperpento, se asignarán a la compraventa de dicho trago en las inmediaciones del Teatro Municipal.

4.- Le ordeno a mi Corte valenciana la creación e imposición de la Orden Alcachofa Borracha a todos mis fieles súbditos. Sugiero a sus primeros acreedores: Marcos Meléndez, Guillermo “Fantástico” Vizcaya, Emir Giménez Angarita, Elis Mercado y, por supuesto, a las Cortes de Pacotilla de la Universidad de Carabobo: Jessy Divo de Romero, Pablo Aure, José Ángel Ferreira y Ulises Rojas. Por supuesto, no podemos dejar por fuera a Ricardo Maldonado, Rector Magnífico y Saturno que devora a sus hijos. El Centro Comercial Sambil será la nueva sede de la Universidad Mercachifle y Medieval de Carabobo.

5.- Hago del conocimiento de la comunidad valenciana, mi enérgica protesta por la elección de Francisco, el Papa argentino. Proponemos al punto revocar su mandato, para entronizar el culo cardenalicio de Urosa Sabino en la silla papal. Sólo un Papa de oposición podría exorcizar al pueblo venezolano que padece el influjo diabólico del Comandante Hugo Rafael Chávez Frías.

6.- A Pedro Crespo le dejo los museos de la ciudad, para que los convierta en un circuito de pornografía múltiple: Cine, pollera, taguara y motel-matadero incluidos en un mismo espacio. “Garganta Profunda” sería la película inaugural para beneplácito de politicastros, emperifolladas damas antañonas, curas, monaguillos y pastores gozones.

7.- El transporte público en la ciudad será anfibio, esto es mar y tierra, pues el lamentable estado de sus calles y avenidas –llenas de huecos y botes de aguas negras- así lo amerita. Nuestro ingenio nos permite adaptarnos al desastre que nosotros mismos hemos generado.

8.- A Pablo Montoya tan sólo le dejo las sobras del festín ferial, industrial y agropecuario en una vieja y abollada olla.

9.- Las toninas, los peces y las serpientes del Acuario irán a parar a las cloacas desbordadas de los barrios bajos de la ciudad. Así dichas comunidades se convertirán, por arte de magia, en centros turísticos por excrecencia.

10.- Se castiga al reportero gráfico Yuri Valecillo con la encomienda de un estudio fotográfico e iconográfico de mi perverso rostro: mis ojos saltones de batracio bailando sobre el algodón dulcito de mi chiva blanca.

En Valencia de San Simeón el estilita, cómplice del emporio rebelde de El Palotal, a los 31 días del mes de marzo de 2013. En definitiva: ¡ustedes, villanos de baja estofa, vienen a quemame!

VALENCIA DE SAN DESIDERIO Y LA ESTÉTICA DE LA FEALDAD

By On 11:45

José Carlos De Nóbrega



Leíamos, sin ninguna cuota de estupor, unas poco agraciadas declaraciones de Elis Mercado que fracasaron en darle vida a ese adefesio culturoso denominado Ateneo de Valencia. Apelando al gusto chic de la pequeña burguesía valenciana, desarrolló una homilía sonsa en torno a la estética de la fealdad que exhibe el Estado venezolano. A tal respecto, el horrendo misil-monolito de la plaza El Venezolano no le resta un ápice, por ejemplo, al trabajo museístico de la Galería de Arte Nacional, encabezado por el poeta y artista plástico Juan Calzadilla. Elis, ¿acaso olvidaste el París descrito por Baudelaire, con sus putas desdentadas en plena felación? ¿Te produce urticaria los dignísimos comedores de papa de Van Gogh? Por supuesto, los trabajadores del Museo de Arte Valencia no son más que una turba lúmpen que invadió la sacrosanta sede del Ateneo en el año 2007. Para el ex-rector de la Universidad de Carabobo y actual presidente de la tal cofradía fúnebre, la colección de los premios Michelena se encuentra secuestrada por el perraje, sin reparar que desde octubre de 2012 está abierta al público la exposición 120 obras antológicas de la referida muestra. Sólo importa el valor de cambio de los cuadros de Reverón, no sus arrebatos que reconcilian la pintura con la poesía y el verdadero discurso religioso (en tanto amalgama de lo erótico y lo sagrado). ¿La Galería Braulio Salazar no es templo sino una cueva de ladrones que esteriliza el arte auténtico? ¿Recuerdas que muchos de tus colegas no han leído a Uslar Pietri, pero sin embargo persisten en usurpar su voz impunemente? ¿Despotricas de la arquitectura curva de Oscar Niemeyer por su subversiva apología de las mulatas brasileñas? Por supuesto, tus catedrales favoritas son la Torre Da Vinci, el Big Low Center, el Sambil o ese mamarracho saudita e inconcluso que es el Aula Magna de la Universidad de Carabobo. No nos sorprende entonces, que celebres el nombramiento de la profesora Emir Giménez Angarita como Secretaria de Cultura de la Gobernación del estado Carabobo: ambos comparten una curaduría simplista y "pedagógica" del arte regional, para que el comisariato político y cultural de siempre se relama de vicio. Dios los cría y ellos se juntan en su despropósito, ineptitud e ignorancia.

miércoles, 27 de abril de 2016

FRAUDE LITERARIO

By On 6:09

FRAUDE LITERARIO

Coronado del ZIPOTE


            


     En ocasiones el amodorrado mundo cultural despierta de su letargo de subsidios y prebendas estatales por algún escándalo. Hace tiempo, en la cuarta se dice ahora, el actor, profesor, periodista y escritor Javier Vidal se había visto envuelto en las anodinas telarañas del plagio.
       En el libro de Alvin Kernan, “La muerte de la literatura”, hay un capitulo titulado “plagio y poética” que toca aspectos que vale la pena citar:  “...,también se tambalea la literatura, cosa que se evidencia sobre todo en la crítica avanzada de la izquierda cultural, que se ha dedicado a socavar el concepto de propiedad literaria  desde ángulos muy diversos. Al autor se le ha despojado de sus derechos de propiedad al haber sido declarado muerto, supuestamente intestado, y al negarle sus derechos sobre textos que se consideran productos, no le da creación individual, sino de actitudes comunales”. Y un poco más adelante el mismo Kernan acota: “La crítica ahora transfiere el Copyright de un autor propietario a los lectores populistas al establecer que el sentido de un texto lo determinan los lectores y no el autor de la obra. En el extremo más radical de esta tentación crítica, a la obra literaria la convierten en algo sin valor pues se le vacía de sentido, se muestra su engaño, se descentra y se dispersan sus partes”. Realizo estas extensas citas porque me hubiese gustado escribir las valoraciones de Kernan sobre el plagio y puede haberlo hecho; quizá cambiando palabras, desarrollando mejor las ideas, no obstante eso en el fondo sería deshonesto y entonces prefiero perderme en el bosque de las referencias de otros. Siento por las citas algo parecido (y no digo igual consciente de mis limitaciones culturales) a lo que siente Savater: “¿Por qué citar? Hay dos razones: la modestia y el orgullo. Se cita por modestia, reconociendo que el acierto que se comparte tiene origen ajeno y uno llegó después. Se cita por orgullo, ya que es más digno y más cortés, según dijo Borges (¿me perdonarán la cita?), enorgullecerse de las páginas que una ha leído que de las que ha escrito”.
            Por otra parte lo único que tiene el que escribe es honestidad, sino ya muchos poetas y escritores que conozco estarían en el en el congreso, o dirigiendo alguna empresa del estado, sacándole brillo al saeta, al malandro, al caradura que llevamos dentro. Los argumentos de Javier Vidal, cuando una periodista le inquirió sobre la razón de no entrecomillar las  ideas y  reflexiones del  autor  en el que basó su investigación, son de un descaro lamentable: “Debemos entender que es muy fastidioso leer con citas y comillas todo el tiempo.” Y vuelvo con Savater para redondear todo este caldo de citas: “Las personas que no comprenden el encanto de las citas suelen ser las mismas que no entienden lo justo, lo equitativo y necesario de la originalidad. Porque donde se puede y debe ser verdaderamente original es al citar”.
            En mi caso particular me ido haciendo escritor gracias al día a día de la lectura y por culpa a las citas. Sé que no soy original, mucho menos que estoy tocado por el genio, pero de lo que sí estoy seguro es que he tratado de asumir la escritura con la mínima honradez del caso. Qué sentido tiene ganar premios literarios a través de los amigos que la hacen de jurado, que trascendencia puede existir en copiarse la tesis de una alumna para subir en el escalafón de profesores, que inmortalidad se busca al traducir un texto y luego hacerlo pasar como producto de una insomne investigación. Algo podrido siempre ha olido en el ambiente literario nacional. Todo esto me recuerda un gag de una película de Mario Moreno. Está Cantinflas jugando a las cartas con otros tres individuos y comienzan estos con intención de formar bronca, debido a que Cantinflas hace trampas y este con una lógica impecable los calma diciéndole: “Vamos a jugar como caballeros o como lo que somos”. Los que protestaban meditan un momento y responden a coro: “como lo que somos”. O sea, como el medio literario nacional es de vivianes y buscones hay que escribir libros como lo que somos.
            Al final de todo este luctuoso episodio se dirá que el plagio es un género literario y asunto resuelto. Cuestiones de la postmodernidad. Como soy anacrónicamente moderno pienso que el plagio, mírese por donde se mire, no es más que un infantiloide fraude literario. Quizá en alguna sucia habitación de zona roja algún negro de la literatura, con hambre e insomnio, escribe una novela, una historia o una crónica confiando en sus entrañas. Mientras en el mundillo de la cultura oficial los mismos de siempre se premian, se publican y se plagian. Ahora con el Gran Hermano de la Internet cualquier escritorzuelo de medio pelo sólo googlea, corta y pega Por lo pronto cualquier plagio de Vidal ventilado en público es simple y llanamente justicia poética, y, como escribe Umbral, la única en la que uno cree todavía.

martes, 26 de abril de 2016

Retrato en familia de Caupolicán Ovalles

By On 10:20



Xenón de los Palotes


Caupolicán Ovalles representa el prototipo del escritor vivalapepa, cuya progenie hace mengua dentro de lo cabe concebir como la vividera de la pepa dentro de la Revolución Bolivariana. Discípulos suyos, en este arte de la adulancia y las medias tintas, son William Osuna, Henrique Hernández D´Jesús, Luis Albertos Crespo y otros desvaídos poetas quienes han sabido captar y ocupar, no sin arte, maña y trácala, altos puestos de la cultura institucional, es decir, las prebendas cedidas por los distintos petrogobiernos, tanto de la cuarta como de la quinta, dada la condición de estos poetas bribones, tragadores y bebedores infatuados que no han tenido nunca paz con la miseria. 
Y es que a esta estirpe de insaciables egos encumbrados por las élites gobernantes de ayer y de hoy, lo que le importa es la bicoca de las pesetas, el cargo logrado con afán rastrero, el homenaje cocinado entre amiguetes del mismo gang, los premios sin valor ni honestidad y todo aquello que pueda ser consumido, apropiado y puteado en nombre de la poesía, la humanidad, y, no les quepa duda, el socialismo.

Con sujetos como estos no hay revolución que pueda triunfar ni mucho menos principios que puedan fundamentarla. Sus misiones de vida consisten en ser lo más agradables que puedan ser a los personeros del poder; ser y no ser ellos mismos y amoldarse a los requerimientos discursivos de sus respectivos padrinos.

Son diestros del halago llevado a cabo a la hora adecuada (para ellos) y con la palabra adecuada a sus personales objetivos. Como lo es el caso de Luis Alberto Crespo, quien, por el solo hecho de decirle a Chavéz que él era mejor poeta del país, le valió a cambio un caballo y una embajada en Francia. Otro tanto corre a cuenta de William Osuna, escribidor de oraciones, rezos y otros fariseísmos de la palabra, que últimamente no le han dejado buenos resultados, teniendo en cuenta que ha sido condenado por ese otro grupo de ideólogos que integran la Conferencia Episcopal.

Pecado de idolatría, han sentenciado los santones de la Iglesia. Lo cual, nos remite al adorado Becerro de Oro del Antiguo Testamento, por el cual, los hombres fueron tan capaces de negociar al mismísimo Jehová. 

Fieles a sus antecedentes, estos intelectuales “revo” que andan en camionetongos, acompañados de escoltas, han decidido realizar una vez más otro homenaje al padre vividor que fundó La República del Este, junto a una claque de descorazonados irredentos de la revolución, siempre que las ganancias sean de su exclusivo peculio.

Se dice por los corrillos de las letras nacionales, que la familia Wollmer, dueños del ron Santa Teresa, han enviado varias cajas de ron a la Casa Nacional de las Letras para festejar tan encomiable homenaje al mundo de las ratas.

Allí estarán el ridículo Comandante Papote, alias Andrés Aguilar, con su voz engolada y sus poses de poetastro extraído del Callejón La Puñalada; el inútil e inefable burócrata Andrés Mejía; el pantagruélico Miguel Márquez, insigne devastador de polvos, instituciones y nóminas y el mismo Osuna posando delante de una gigantografía que mandó colocar en la Casa Nacional de Las Letras, en donde aparece el hijo del barrio El Cementerio, acompañado por la rata mayor, El Caupo, y por el autor de Mi Padre El Inmigrante, Vicente Gerbasi. Adecos y pseudorojos revueltos en un mismo plato; el de una revolución preñada de adecos y pseudorojos atragantados cual lombrices de tierra.  

¿Qué revolución puede salir airosa con semejantes comegenes en su seno, encargados de representar los “más prístinos ideales” del socialismo en el que nunca creyeron, ni creerán, a no ser porque tal discurso (mentido) les sirve para pintar de azul los mojones que muchos se comen con candor e inocencia inducida. O sea, hecho los paisas. Y por pura conveniencia.

El homenaje, además de ser un requisito laboral dictaminado por el Ministerio de la Cultura, para que estos vagos justifiquen que sí trabajan, delata la ausencia de ideas, creatividad y convicciones que caracteriza a esta tropilla de intelectuales acomodaticios  e inorgánicos, quienes, fatalmente, se apoderaron de la revolución cultural y la recortaron y la secuestraron de acuerdo con sus mezquinos y mediocres propósitos: arrimar la mayor cantidad de agua posible a sus respectivos molinos. Billete sobre billete, premio sobre premio, viaje sobre viaje, y una larga y dañada saga que el vendaval de la historia se encargará de desmantelar por completo, a Dios gracias.

Mientras tanto, raspan ollas, comen rápido, no sea que se acabe el festín antes de lo esperado. Y organizan recitales a los que nadie, o casi nadie, asiste, aún en la esquina de Gradillas, donde se supone que cuentan con un público cautivo. Y algo más, esperan pacientemente que esta vaina de revolución termine para pasar de un solo salto a cualquier otro gobierno de transición, el que sea, pero que les permita continuar royendo, royendo y royendo la cosa pública, eso sí, todo en nombre de las musas, la belleza y la poesía. La poesía, la verraca poesía.      

A este respecto, sostiene José Sant Roz: “Es por lo que un grupo de intelectuales para evitar asumir responsabilidades con su obra y con el país fundará un club llamado República del Este. Este club comprenderá (…) un sector de bares de Sabana Grande, donde se consumirá licor sin control ni medida, pagado por ministros banqueros como Pedro Tinoco.”

Amigo de CAP, parásito chupa huesos del extinto amo de funerarias, empresas aseguradoras y cementerios, Elías Vallés. Es sabido que El Caupo jodió de lo lindo, siempre bien aliñado, en compañía de este mecenas rechoncho y forrado de dineros proporcionados por la indetenible industria de los muertos que no cesaban de ingresar a la Funeraria Vallés. Sus amiguitos, entre ellos un personajito del arte que se hacía llamar El Príncipe Negro (como alusión al petróleo); en son de burla, lo llamaban Elías Mebebes, en lugar del Elías Mecenas que todos ellos, incluidos el Osuna y El Catire, bajaban de la mula en medio de las risotadas y los malos chistes que nos dan una idea de la pasión social que demostraban, en plena cuarta república, estos especímenes sacados de la picaresca de todos los tiempos. Pasión por el boche y el arrime, por la doble cara y la doble moral. Que si no sirve para hacer revoluciones, hace las veces de efecto placebo, entre quienes gustan de dormirse arrullados por el canto de semejantes sirenas destripadoras de banquetes.

¿Con cuál ardid engatusarán a los jóvenes, a los incautos y a los celestinos, que hacen vida en esta revolución preñada de los peores adecos, los adecos rojos, los adecos chavistas?

Homenaje a uno de nuestros más destacados vivalapepas. Histrión, patán y arrogante conferencista a quien nadie podía seguirle el hilo de nada porque estaba poseído por la incongruencia radical. Sus chácharas en público solían ser la mar de incoherencias, haciendo  gala de una piratería ramplona, así como lo han ratificado sus ilustres vástagos. Quienes se reunirán una vez más en La Casa Nacional de las Letras para beber el ron Santa Teresa, festejar la poesía verraca y burlarse una vez más del país, la revolución y los venezolanos.

Bien lejos con estos chiguires…         

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